La batalla contra el creador de contenidos ha comenzado

¿En qué bando estás?

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La batalla contra el creador de contenidos ha comenzado
El videógrafo Carlos Félix me ha mandado tres de los momentos que expresamente le pidió Alejandra que no debían faltar en el vídeo de su boda, momentos significativos susceptibles de ser convertidos en recuerdos memorables, y que podréis ver a lo largo del reportaje.

Algo ha cambiado en las bodas. Ya no solo se celebran. También se convierten en contenido. De hecho, no solo se planifican para ser vividas. Se planifican para ser vistas.

Esta transformación está redefiniendo la forma de vivirlas, recordarlas y compartirlas.

Y este escenario merece una conversación.

Vivimos en un mundo donde más de 5.200 millones de personas utilizan redes sociales habitualmente y cada usuario pasa en ellas una media de 2 horas y 20 minutos al día.

Las bodas no podían escapar a esa lógica.

Pero quizá la pregunta no sea quién crea contenido.

Sino para quién.

Porque, paradójicamente, cuanto más contenido producimos, menos atención recibe cada publicación. Nunca habíamos invertido tanto tiempo en ser visibles para obtener tan poco a cambio.

Llámalo content shock.

El especialista en marketing Mark Schaefer fue el primero en ponerle nombre hace más de una década, tras estudiar cómo la producción de contenido crece mucho más rápido que la capacidad humana para consumirlo.

¡Estamos locos!

En nuestra industria, cada proveedor alimenta sus redes porque damos por sentado que muchas parejas contratan a través de ellas, incluso aunque haya innumerables estudios que nos sugieran algo distinto.

Y a pesar del ingrato valor de nuestro esfuerzo, la finca sigue publicando. El florista también. Y el maquillador. Y el cátering. Y el DJ. Y el fotógrafo. Y el videógrafo.

¡Es una auténtica batalla!

¿Quién sigue mirando únicamente a los novios?

¿Quién cuida de su experiencia, de su equilibrio, de sus recuerdos?

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"Uno de los momentos que Alejandra me pidió que no podía faltar en su película fue la entrada a la Iglesia junto a su padre", confiesa Carlos Félix.

No podemos engañarnos ni hacernos los sorprendidos.

La inmensa mayoría de los proveedores que trabajamos en esta industria llevamos ya bastante tiempo yendo a las bodas pensando en las redes sociales como destino final de nuestro trabajo y en nuestra audiencia como en el verdadero receptor de nuestros contenidos sin pensar demasiado en cómo eso afecta a la experiencia real de nuestros clientes.

Se veía venir.

Era cuestión de tiempo que la situación se volviera insostenible.

Insisto. El destino final de una parte importante de los contenidos que generamos ya no es la pareja que nos contrata. Con mayor o menor control, con mayor o menor acierto, esos contenidos terminan publicándose en internet como herramienta de comunicación y promoción.

¡Autobombo!

Y hemos normalizado ese conflicto de intereses sin apenas detenernos a debatir sus implicaciones. Poco a poco, la boda ha dejado de ser únicamente una celebración privada para convertirse también en un escaparate comercial.

Hace unos días, el videógrafo Carlos Félix publicó un storie en Instagram denunciando una situación que calificó de "insoportable".

Para más inri, todo ocurrió en una boda donde Alejandra, la novia, le había insistido en proteger su intimidad y documentar expresamente y con cariño varios momentos que para ella estaban llenos de significado.

Sin embargo, Carlos confiesa que un creador de contenido contratado por la finca estuvo presente durante prácticamente toda la jornada, incluso en momentos que la pareja deseaba vivir con mayor intimidad.

La pregunta resulta inevitable.

¿Quién protege la experiencia de los novios?

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"Otro de los recuerdos que Alejandra va a conservar siempre es el instante en el que llega al altar y su novio le da un beso en la frente", asegura Carlos.

Carlos no pide prohibiciones. Pide equilibrio. Aunque admite que confiar únicamente en el sentido común quizá ya no sea suficiente. "Debemos encontrar un equilibrio, pero creo que el autocontrol es imposible", asegura.

Quizá tenga razón.

Porque este ya no es un problema de personas.

Es un problema de incentivos.

Hemos aceptado como inevitable que todos los proveedores debemos publicar contenido sin descanso para seguir siendo competitivos. Las fincas, los profesionales de la planificación, de la decoración, de la belleza, incluso el fotógrafo o el videógrafo. Como si nuestra presencia constante en internet fuera la única forma de generar negocio.

Además, esta guerra naturaliza muchos comportamientos que de entrada son completamente inapropiados.

Toda profesión madura desarrolla una ética. Aprende cuándo intervenir y cuándo desaparecer. Cuándo estar presente y cuándo dar un paso atrás. En las bodas, sin embargo, seguimos incorporando nuevas formas de crear contenido sin haber construido antes un código compartido que proteja aquello que da sentido a nuestro trabajo.

Porque una boda no es una campaña de marketing.

Es un acontecimiento privado, íntimo, familiar e irrepetible.

Además, los expertos aseguran que aunque los canales digitales no dejen de ganar usuarios, no generan prácticamente confianza. Los consumidores se inclinan por lo local frente a lo global, por lo físico frente a lo digital, y se apoyan cada vez más en la influencia de las personas que tienen más cerca.

¡Qué demonios!

¡Estamos batallando para nada!

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"El baile de los novios es uno de los momentos en los que se crean más contenidos, y en el vídeo que te mando pueden verse muchos invitados con sus móviles, y también a la creadora de contenidos del DJ", describe Carlos. "Aquí pude resolverlo, pero hay veces que es prácticamente imposible aislar el verdadero momento, el recuerdo, de todas estas distracciones", añade.

En serio.

Si los consumidores buscan a su alrededor y consultan a su círculo más cercano antes de contratar debido a la inseguridad que ofrecen las redes y al exceso enfermizo de información, para qué publicar con tanta insistencia para una audiencia global sin segmentar.

¿Y si la mayor amenaza para la intimidad de las bodas no fueran los creadores de contenido, sino la falsa sensación de que dejar de publicar equivale a dejar de existir?

Quizá el verdadero reto del sector ya no sea aprender a generar más visibilidad, sino recordar qué significa ser un buen profesional. Sobre esos cimientos se construye nuestra reputación. En hacer lo correcto cuando nadie nos mira. Hacer lo correcto. Ser generosos. Crear vínculos sólidos con los clientes y los compañeros. Resolver antes que estorbar. Ayudar. Sostener. Empatizar antes que producir. Humanizar nuestro trabajo. No darnos demasiada importancia. Aceptar que existen cosas que son más importantes que tú mismo. Y acudir a las bodas con más ganas de dar que de coger.

No podemos olvidarlo.

El mejor embajador de mi marca es mi cliente.

Y lo tengo que cuidar.

Porque una pareja terminará olvidando cuántos reels generó su boda.

Pero nunca olvidará cómo la hice sentir.

Mierda ya.

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Te habrá gustado esta publicación si eres creador de contenidos, fotógrafo o profesional del sector nupcial y quieres comprender mejor cómo evolucionan las bodas, construir recuerdos con más significado, comunicar con intención y encontrar ideas que inspiren tanto tu trabajo como la experiencia de cada pareja.

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