¿Están las bodas diseñadas para ser fotografiadas? ¿Es esto apropiado? ¿Somos idiotas?

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¿Están las bodas diseñadas para ser fotografiadas? ¿Es esto apropiado? ¿Somos idiotas?
@josevilla

Hace unos días, José Villa, uno de los fotógrafos de bodas más influyentes de la última década, publicó en su cuenta de Instagram una serie de imágenes bastante reveladoras.

Son fotografías de sus propios trabajos en las que, al levantar la mirada de la pareja, aparece todo lo demás.

Fotos que contextualizan una auténtica industria alrededor del momento.

Su reflexión no era crítica.

O, al menos, no exactamente.

Jose Villa asegura que en estos últimos años las bodas se han vuelto más complejas, que cada vez hay más profesionales intentando documentar la misma celebración y que, en ocasiones, puede tener hasta una docena de personas detrás mientras él trabaja.

Y él, en lugar de resistirse, ha aprendido a verlo como un reto.

A comunicarse mejor.

A respetar el espacio de los demás.

A encontrar incluso fotografías que quizá no habría visto de otro modo.

Y terminaba con una idea difícil de discutir.

Ellos están allí por la pareja, sus familias y los recuerdos que les han confiado.

Hasta aquí, todo bastante razonable.

El autobombo habitual.

El problema aparece cuando lees los comentarios (quizá por eso Jose Villa ha escondido la publicación bien abajo en su perfil).

Porque muchos profesionales no están debatiendo sobre cómo trabajar mejor dentro de esa situación.

Están preguntándose si hemos llegado demasiado lejos.

¿Estamos ya en ese momento en el que doce fotógrafos son necesarios, casi imprescindibles, porque la boda se ha diseñado precisamente pensando en ellos?

El debate que ha provocado el post de José Villa, insisto, uno de los fotógrafos de boda más reconocidos del mundo, va precisamente por ahí.

Cuánto espacio queda en esta idea actual de boda para que suceda algo que no estaba previsto para ser fotografiado.

Porque hemos entrado de lleno en la era de la puesta en escena.

Y no hablo solamente de decorados, iluminación o espectaculares montajes.

Hablo de los comportamientos dentro de ese contexto.

De las decenas de personas que cada fin de semana saltan, brincan, levantan los brazos y celebran exageradamente cuando aparece una cámara delante porque piensan muy sinceramente que eso es lo que deben hacer.

De esa versión ligeramente sobreactuada de la felicidad que vemos una y otra vez a nuestro alrededor hasta que la terminamos convirtiendo en norma.

Y nos arriesgamos a que, apostando todo al estímulo y al espectáculo, terminemos creyendo que esa es la única manera de celebrar.

Ojito. Esto no es una impresión exclusiva de nuestra queridísima industria.

Las investigaciones sobre redes sociales llevan años estudiando cómo las imágenes idealizadas, la comparación social y las señales de aprobación contribuyen a interiorizar determinados modelos de comportamiento.

Y trabajos recientes sobre normas sociales señalan cómo las personas pueden crear realidades compartidas interactuando entre ellas.

Básicamente, tú lo estás haciendo así porque has visto cómo otros lo han hecho así justo antes que tú.

Eso se amplifica poderosamente si todo tipo de profesionales cualificados con amplia experiencia se suman a la ecuación.

Y ya ni te planteas hacerlo de otra manera.

No eres tú, de hecho, es tu cerebro reptiliano adaptándose al entorno.

Vemos algo - lo repetimos - se convierte en norma.

Y ahí es dónde comienza nuestra determinante responsabilidad.

Si durante años mostramos las mismas fotografías de parejas haciendo unas determinadas cosas (y no otras), llegará un momento en que las parejas que vienen después sentirán que eso (y justo eso) es lo que se hace en una boda. Que eso (justo eso) es lo que ellos deben/quieren hacer.

Sin más.

Incluso nosotros tendremos la sensación de que las bodas sencillamente "son así".

Menuda paradoja.

¿Cuántas veces me ha preguntado una maquilladora si la novia que tiene justo delante está bien maquillada en mis fotografías?

La realidad es hermosa (o lo contrario) si aparece hermosa en la imagen.

Queremos fotografías espontáneas, pero producimos cada vez más situaciones recreadas para conseguirlas.

Porque no deseamos algo bonito, deseamos algo fotogénico.

Algo que luzca bien en las fotos.

Aunque por el camino, casi sin darnos cuenta, estemos aniquilando la experiencia.

Queremos emociones auténticas, pero cada vez hay más personas alrededor esperando que ocurran en un momento dado, cómo, dónde y justo cuándo deseamos que sucedan.

Queremos que una boda sea única, pero mostramos constantemente las mismas maneras de celebrarla.

Lo que funciona.

Lo que se viraliza.

Lo que es susceptible de ser monetizado.

O lo que muestra una versión sobredimensionada de nosotros.

Entonces, la fotografía deja de documentar una realidad.

Y empieza a construirla.

Y quizá el límite de la producción no esté en tener un fotógrafo, cinco o doce.

Está en el momento en que la boda empieza a comportarse como una producción porque sabe que será observada, analizada, justificada como una producción.

Llevamos años en este magazine tratando de diversificar y humanizar la industria de las bodas y tratando de empoderar formas alternativas de celebrar. Y precisamente nosotros no creemos que haya que demonizar las bodas espectaculares. De hecho, hay muchas parejas que quieren exactamente eso.

Pero tal vez ya hemos llegado a ese punto en el que, a costa de mostrar solo espectáculo, las bodas necesitan una buena dosis de espectáculo para ser percibidas como una boda.

Quizá deberíamos asumir nuestra parte de responsabilidad en esa idea de boda que estamos proyectando en el mundo.

Y deberíamos hacernos a menudo una pregunta incómoda.

¿Estamos documentando cómo se casan las personas o estamos enseñando a las personas cómo tienen que casarse para que quede bien en nuestras fotos?

Porque si es lo segundo, quizá algún día descubramos que, como José Villa insinúa en su publicación, hemos conseguido unas fotografías extraordinarias de algo terriblemente triste y superficial.

Te habrá gustado este artículo si eres un profesional de la industria de las bodas y te interesan las redes sociales y cómo el contenido digital está transformando la forma de celebrar y documentar las bodas.

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