Kinda chic y el placer de hacer las cosas a tu manera

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Kinda chic y el placer de hacer las cosas a tu manera
@calmazus_

Quizá lo más elegante que puedes hacer en tu boda sea dejar de intentar que parezca una boda.

Con esta manía de ponerle etiquetas a todo, últimamente aparece por todas partes una expresión que me mola más que muchas otras. Kinda chic. Algo así como “un poco elegante”.

No demasiado, se entiende.

La gracia es que puede aplicarse prácticamente a cualquier cosa. Visitar a tu abuela, cocinar en casa, ponerte cómodo, cumplir años, aprender algo nuevo y hacerlo todo según te va apeteciendo.

El fenómeno nació en redes hace nada, alrededor de la primavera de 2026 y durante el verano se ha viralizado.

Y aquí es donde me detengo.

No tanto por kinda chic.

Sino por lo que hay debajo.

PARA SABER MÁS → The Guardian explica por qué “kinda chic” se ha convertido en una de las plantillas virales del verano.

Porque reconozco que me da bastante pereza ponerle una etiqueta a algo que, en cuanto funciona, alguien convertirá en tendencia, después en producto y finalmente en una casilla más de Pinterest.

Sin embargo, si nos distanciamos de la dialéctica del mercado la cosa deja de tener tanto misterio. Digamos que Kinda chic sería algo así como hacer las cosas a tu manera, ajustarte a tu presupuesto, guiarte solo por tu instinto, por tus deseos, por tus gustos, etc, etc.

¡Casarte con sentido común!

Pero debajo del rollete kinda chic sí que hay algo interesante.

La sensación de que estamos un poco cansados de que todo tenga que parecerse a algo.

También está pasando en las bodas.

Lo percibo cada fin de semana.

Durante años hemos aprendido a organizar una boda mirando otras bodas e inflando de forma alarmante los presupuestos, como bien se explica en este reel con el que probablemente te partas de la risa.

Guardamos referencias.

Hacemos carpetas.

Comparamos vestidos, flores, mesas, fincas, fotografías, canciones y ceremonias.

Hasta que, de repente, una pareja puede acabar organizando una boda preciosa, no lo dudo, pero completamente ajena a ellos.

Porque hay una trampa en buscar inspiración. Cuanto más miramos lo que hacen los demás, más difícil resulta descubrir qué queremos nosotros.

Y quizá por eso cada vez me encuentro con más parejas que empiezan a hacerse preguntas distintas.

¿De verdad queremos casarnos por la tarde?

¿Tenemos que hacer baile?

¿Queremos invitar a 180 personas?

¿Nos gusta el cóctel o preferimos sentarnos directamente a comer?

¿Quiero un vestido de novia o prefiero otra cosa?

¿Y si nos salimos de lo que se supone que hay que hacer?

UNA IDEA QUE ME GUSTA → Psychology Today interpreta el fenómeno como una forma de reivindicar hábitos, límites y decisiones personales que normalmente no asociaríamos con “lo chic”.

No es una rebelión.

Ni una nueva estética.

Ni siquiera hace falta llamarlo kinda chic.

Es algo mucho más sencillo.

Elegir.

Porque quizá la boda más bonita no sea la que consigue parecerse a las bodas que nos gustan, a las que funcionan en internet.

Tal vez la boda más bonita se la que, cuando termina, deja una sensación mucho más difícil de conseguir.

Esta boda no podría haber sido de nadie más que de nosotros.

Y eso sí me parece bastante elegante.

Y UNA ÚLTIMA COSA → La ironía es que “kinda chic” empieza a sufrir precisamente aquello contra lo que parecía rebelarse, convertirse en otra fórmula que todo el mundo repite. Quizá sea una buena advertencia para las bodas también.

Si te ha gustado este reportaje, puedes continuar inspirándote en nuestra sección de estilo, donde nos esforzamos cada día por ofrecer ejemplos responsables e inspiradores de éxito que te ayuden a seguir aprendiendo en este ilusionante y dinámico camino de las bodas.

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